El Yo narrador y la amistad

•noviembre 13, 2006 • 1 comentario

jerobruner.jpgLa psicología cultural de Jerome Bruner, nos ha propuesto un enfoque mucho mas interpretativo del conocimiento, cuyo centro de interés es la construcción de significados. El concepto seleccionado para realizar dicha interpretación es el yo, concebido como una situación histórica-cultural, que debe considerarse como una construcción que precede del exterior al interior y de forma similar del interior al exterior, de la mente a la cultura y de la cultura a la mente. Por consiguiente, es importante reconocer el contenido y la sustancia de los yoes que se construyen en las relaciones permanentes de los seres humanos. Durante este escrito encontraremos una especial atención sobre el yo narrador elaborador de relatos sobre una vida que existe en la medida en que es narrado por alguien y que de esta forma se hace adquisidor de significados.

Para Bruner, el ser humano se construye en la medida en que nos relacionamos con otros, utilizando el lenguaje como mecanismo de narración, en una relación directa de significados y significantes. “Estamos siempre contando historias sobre nosotros mismos. Cuando contamos estas historias a los demás, puede decirse, a casi todos los efectos, que estamos realizando simples acciones narrativas. Sin embargo, al decir que también nos contamos las mismas historias a nosotros mismos, encerramos una historia dentro de otra. Esta es la historia de que hay un yo al que se le puede contar algo, un otro que actúa de audiencia y que es uno mismo o el yo de uno. Cuando las historias que contamos a los demás sobre nosotros mismos versan sobre esos otros yoes nuestros; por ejemplo, cuando decimos << no soy dueño de mi mismo>>, de nuevo encerramos una historia dentro de otra. Desde este punto de vista el yo es un cuento. De un momento a otro y de una persona a otra este cuento varía en el grado en que resulta unificado, estable y aceptable como fiable y valido a observadores informados.” (Pág. 112)

Las personas con las que nos relacionamos también se presentan de esta misma manera, es decir de forma narrativa, de manera que constantemente nos encontramos contando historias sobre nosotros mismos que comunicamos a un interlocutor, el cual se convertirá en el locutor de una nueva narración hecho que se conoce como narración doble. Sin embargo encontramos que el yo narrador tiende a ser un yo distribuido debido a que el yo se encuentra desenvuelto en una red cultural constituida por otros y es allí donde comienza a significar para otros. “Por consiguiente, el yo no es una cosa estática o una sustancia, sino una configuración de acontecimientos personales en una unidad histórica, que incluye no solo lo que uno ha sido sino también previsiones de lo que uno va a ser” (Pág. 114)

Introducción

•octubre 23, 2006 • 14 comentarios

si bien, esta pregunta puede ser algo confusa es algo que origina el interrogante respecto de  la naturaleza de la amistad en la actualidad, el valor de la amistad en la contemporaneidad de la rutina cotidiana a la que el ser humano tiene que enfrentarse. Puede que a primera vista a esta pregunta no  reciba  importancia alguna  a primera vista, pero nos preguntamos, ¿alguno de ustedes considera tener al menos un verdadero amigo o alguna amistad que valga la pena? Tal vez la respuesta sea que si, claro por supuesto, quien no tiene amigos ya sea en el trabajo, en el estudio, en la vecindad, ya sea la actividad o dentro de la rutina que se tenga todos los días, pero la pregunta se ahonda mucho más, ¿son verdaderos amigos? 

En el tiempo actual en el cual el mundo vive, y más en concreto nuestro país y nuestra actualidad, vivimos inmersos en el correr del tiempo y nuestro único interés es el prevalecer de nuestros intereses, pues es lo único que nos importa, es el crecimiento y desarrollo de nuestra propia vida, y la disponibilidad hacia otras actividades se ve limitada por la rutina o la cotidianidad. Aún así, el ser humano y su condición ligada a la sociedad, vive día tras día en contacto con las personas y en el que la formación de vínculos es inevitable. La amistad es un vínculo que sin ninguna duda se excluye de la afectividad, y es común dentro del marco del ser humano y su vinculación con cualquier otro ser humano, aun así vale la pena entender el marco por el cual existe la amistad y la importancia que tiene para cada ser humano.  

Hoy día la amistad se encuentra en un estado crítico y su ámbito se encuentra por definir, puesto que la utilización de su nombre se puede hallar inmerso con fines prácticos, cuando es algo que por su virtud es importante para la vida de cualquier persona, y esto en su lugar de ser tal vez la mayor de los vínculos afectivos de las relaciones humanas. Por eso cabe destacar su importancia y su valencia en la vida de cualquier persona.

El Sujeto Político.

•octubre 23, 2006 • 16 comentarios

nacho-5a.gifDecir que el ser humano es un sujeto social es poner por supuesto algo que es obvio. Afirmar que toda acción humana es política significa desglosar tal afirmación e indagar por el modelo de ser humano que se encuentra implícito. Pues bien, para Ignacio Martín-Baró el ser humano es un sujeto político que se constituye a partir de un proceso de socialización que se da en una relación dialéctica individuo-sociedad orientado a un contexto histórico determinado. Pero la construcción de este modelo de ser humano necesita ser observado con detenimiento.

El ser humano existe en un marco histórico-contextual determinado. En un contexto actual, el ser humano es un producto de la interrelación dada desde su infancia hasta su estado actual con un contexto socio-cultural determinado, permitiendo la construcción de una identidad, aquello que sienta un paralelo yo-sociedad, de su rol y papel que juega en este contexto; y a su vez la construcción de un marco esquemático valorativo y evaluativo de la realidad introyectada acorde con el contexto mismo en el que lleva a cabo acción. Es decir que el ser humano no se hace humano hasta que se socializa, pero no en un sentido abstracto, sino histórico. Es a partir de la perspectiva dialéctica que esta interrelación individuo-sociedad, esta relación de interdependencia, se da una construcción integral de lo humano.

Ahora ¿qué significa sujeto político? Primero se tendría que definir qué es lo político o más bien el ámbito de lo político. Lo político hace referencia a la satisfacción sistemática de necesidades y el mantenimiento del bienestar de una comunidad específica o una población determinada acorde con unas condiciones estables. Entonces la política hace referencia a la distribución de poder en función de la estabilidad y el bienestar de una población determinada. En general el ámbito de la política tiene como interés la distribución del poder en función de la satisfacción de las necesidades humanas así como el mantenimiento del bienestar y de la estabilidad en la población.

Es entonces que aquí la socialización política se constituye como un proceso dialéctico en la configuración de las necesidades humanas, así como los marcos esquemáticos y valorativos de una población determinada, y en particular, del individuo en concordancia o no con el sistema político operante y a la realidad que le es consecuente. El ser humano es pues un sujeto activo, puesto que a partir de la socialización, ajusta sus esquemas evaluativo-valorativo con respecto a una realidad introyectada en el contexto determinado en el que habita, representando las necesidades que pretenda satisfacción en una escala de valores de una u otra forma estando en concordancia o no con el sistema político en interacción.

Un análisis de lo humano y lo social en Freud

•octubre 13, 2006 • Dejar un comentario

426px-sigmund_freud-loc.jpgPara Freud el ser humano es un ser que se ha transformado en un ser social y cultural, es decir que es aquel que se constituye en una relación de modificación personal y de su entorno, regulado por la tensión constante entre el placer y el displacer.

La vida en sociedad para el ser humano puede entenderse como el dónde de la satisfacción de placeres que se ve truncada por la naturaleza social del hombre el cual, regido por una cultura instauradora de leyes y normas de convivencia, imponen como consecuencia del ordenamiento conmportamental del individuo en relación con otros y con su ambiente una renuncia al objeto del deseo y abre la puerta para la satisfacción de los mismos por vías equívocas.

Por lo anterior el individuo se encuentra en un continuo desacuerdo con la cultura, fundado principalmente en la renuncia pulsional y por lo tanto en la culpa producto de tal renuncia. Nuevamente vemos el nacimiento de un nuevo conflicto entre el hombre y la civilización, pues este no siente poder ser capaz de soportar el peso que implica el sacrificio de la vida en comunidad, sin embargo es conciente de no poder vivir aisladamente.

Hemos partido entonces de la consideración de un hecho en particular y es la integración de un individuo a un grupo masificado que le permitirá gozar de los beneficios que se pueden conseguir en la vida comunitaria, considerando un hecho importante en el origen de una sociedad haciendo referencia a la adquisición de condiciones materiales que garantizan la supervivencia del humano modificando sus condiciones y forma de vida. Sin embargo las repercusiones de esta modificación pueden ser de carácter muy profundo llegando a modificar su actividad anímica, “su afectividad queda extraordinariamente intensificada y, en cambio, notablemente limitada su actividad intelectual. Ambos procesos tienden a igualar al individuo con los demás de la multitud, fin que sólo puede ser conseguido por la renuncia a las modalidades personales de la tendencia” [1].

Por lo tanto será frecuente la aparición del reconocimiento de la vida individual integrada a las relaciones con los otros, generando procesos de identificación que pueden originar una red de vinculaciones. Debemos entender entonces el proceso de identificación al cual nos referimos, que es conocida por el psicoanálisis como la manifestación de un enlace afectivo a otra persona en la que posiblemente buscamos características propias de nuestro yo y lo proyectamos en el otro. Por lo que se puede establecer que las relaciones vinculares producidas por comunidades se basan sobre todo en la satisfacción de necesidades y placeres. A su vez las relaciones entre dos individuos pueden involucrar lazos más profundos que permiten una identificación total con el individuo análogo creando afectos y a si mismo la producción de felicidad.

[1] Freud, S. (1969) Psicología de las masas. Madrid: Alianza editorial. Pág. 26.

Una aproximación hacia lo humano para Skinner

•septiembre 4, 2006 • 5 comentarios

250px-skinner.jpg En el pensamiento y las posturas tradicionales se abogaba por un ser humano autónomo, un ser humano libre, un ser que crea su propio mundo actuando sobre este conforme a sus necesidades y motivos para existir en él. Desde esta lógica el mundo no existe si el hombre no existe y, por lo tanto, lo humano está exento de todo aquello que se encuentra alrededor de él por lo que la naturaleza del mundo depende de la naturaleza que el hombre quiera hacer de este. Pero esto supone un vacío, puesto que parte de un fundamento metafísico que excede los límites de cualquier nivel ontológico capaz de definir sencillamente que es el hombre, y cuáles son los parámetros para que exista, si es que existe, una concepción de libertad.

Pues bien, el concepto de libertad es un constructo hipotético que refleja una visión abstracta del mundo y de una realidad en torno del ser humano. Pero definir al ser humano dentro de unos parámetros de libertad es de mucho cuidado debido a la complejidad misma que se encuentra inherente en él. Skinner se sustenta en el materialismo ontológico para argumentar su postura acerca de la naturaleza del hombre, argumento que guarda la influencia con su filosofía del conductismo radical, y a partir de ahí, la conclusión que se puede inferir es que enteramente el ser humano no es libre. Desde el momento de su gestación hasta llegar a los últimos días de su muerte el ser humano se encuentra constantemente en interacción con el ambiente en el que se halla inmerso y todo comportamiento manifestado existe en función de este. A medida en que el hombre crece y se desarrolla, se enfrenta a contingencias ambientales el cual le permiten establecer patrones de comportamiento que cambiarán su conducta; el ambiente moldea, mantiene, controla y por lo tanto determina la conducta.

El ser humano es conciente, es decir, es capaz de darse cuenta del comportamiento llevado a cabo y a su vez las contingencias que la refuerza dentro de una comunidad verbal, de modo tal que adquiere el mecanismo de autocontrol por el que opera en el ambiente a fin de modificar las contingencias ambientales y así modelar su propia conducta. Entonces el organismo humano puede intervenir en el ambiente con el propósito de dirigir su conducta, pero aún así sigue siendo determinado por aquel pues es a partir de éste que su comportamiento responde. Es aquí cuando adquiere sentido las instituciones sociales como organismos de control. Evidentemente han sido construidas por el hombre que a su vez le controlan. El ser humano es planificador y a su vez producto de una cultura. Es planificador cuando introduce prácticas culturales, modifica las contingencias ambientales, y producto cuando es moldeado por estas.

El papel que juega el hombre dentro de una cultura es de vital importancia para el mantenimiento de esta. Desde un comienzo, la interacción con el ambiente determina ciertos parámetros de conducta dependiendo del contexto en el que se desenvuelva, pero a medida que la interacción tiene su lugar, el hombre modifica las contingencias de su medio para moldear ciertas conductas y dirigirlas hacia otro nivel. En este constante ejercicio, es el ser humano quien enriquece constantemente la cultura permitiendo introducir prácticas culturales así como eliminar otras, todo dependiendo de la utilidad a la que se pueda distinguir; es decir, es llevado a cabo una selección de conductas por medio de la cultura.

Es entonces que a partir del análisis experimental el hombre no se escapa de la predicción y control, por lo tanto es susceptible de ello. Desde el mismo hecho de que puede darse cuenta de su comportamiento e introducir variables para modificar las contingencias ambientales a fin de dirigir su conducta, se encuentra de manifiesto que es totalmente susceptible de control y a su vez de predicción, por ejemplo dando una evaluación detallada de las contingencias existentes por las cuales se podrían establecerse probabilidades de que tal o cual conducta pueda suscitarse. En la sociedad, ciertas manifestaciones en el comportamiento de un grupo de sujetos podrían lograr la modificación de una cultura, lo cual repercutiría un cambio en todos los seres que hagan parte de esta, generando una selección de conductas que sean de eficacia, o en otros términos, de supervivencia dentro de determinada sociedad. Es aquí donde adquiere un papel trascendental el análisis experimental, y en efecto, la tecnología de la conducta, permitiendo describir las probabilidades hacia dónde se puede dirigir una cultura y efectuar cambios en las contingencias ambientales para la mejora de la calidad de vida de la sociedad buscando siempre como fundamento y consecuencia la supervivencia y bienestar de la especie humana.

Recomendados…

•septiembre 1, 2006 • 2 comentarios

mostleft05.jpg El Mercader de Venecia.

Enmarcada en la Venecia del siglo XVI, esta eterna comedia dramática de Shakespeare si-gue el destino y la fortuna de un grupo de no-bles cristianos y de su relación con el presta-mista judío Shylock. Antonio (Jeremy Irons) acepta dinero prestado de Shylock (Al Pacino) para ayudar a su jo-ven y arruinado amigo Bassanio (Joseph Fiennes) a conquistar la mano de la bella Porcia (Lynn Collins). Enojado por los insultos que le profiere Antonio, Shylock deja muy claras las condiciones que se deberán cumplir en caso de que aquél se demore en el pago del préstamo. Cuando los negocios de ultramar de Antonio se van al traste por culpa de una tormenta, Shylock se enfurece todavía más pues su hija se ha fugado con el noble Lorenzo (Charlie Cox). Al no devolvérsele el préstamo, Shylock reclama que se le resarza con una libra de carne del propio Antonio. Cuando, con desespero, Bas-sanio trata de evitar este destino reservado a su amigo, sobreviene la ayuda milagrosa de alguien inesperado.

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